Pautas para el Fortalecimiento Familiar

Pautas para el Fortalecimiento Familiar

GUÍA PARA LA FAMILIA
Pautas para el Fortalecimiento Familiar
Publicado: Noviembre 2012

Todos sabemos que en la actualidad existe un grave problema: la drogadicción, y a muchos de nosotros nos preocupa la forma en que el mismo puede afectar a
nuestras familias.

Como padres deseamos lo mejor para nuestros hijos: que crezcan sanos, felices y bien preparados para enfrentar los desafíos del futuro. Pero muchas veces nos sentimos impotentes para proteger a nuestra familia de la amenaza de la droga.

Formar una familia, criar y educar a nuestros hijos es, sin lugar a duda, una de las tareas más importantes y trascendentes que una persona puede desempeñar durante la vida, pero para las cuales existe menos preparación formal. La mayoría de nosotros aprendemos a ser padres solamente a través de la experiencia y siguiendo el ejemplo que nos dieron nuestros padres, aunque algunos padres hagan justamente lo contrario si no están de acuerdo con la educación recibida.

Es importante que los padres nos preparemos para hacer frente al problema del consumo de drogas desde el seno de nuestro hogar, lo que concierne a familias que desean evitar la droga en su hogar o bien a aquellas familias que ya se han enfrentado a esta problemática y desean generar un ámbito de mayor contención y sostén.

 

Un poco de historia

Las familias han cambiado, hace tiempo atrás las relaciones entre padres e hijos eran muy rígidas y en éstas no había espacio para la libre iniciativa y la creatividad. Los hijos eran tratados como pequeños adultos y eran objeto de castigos físicos, malos tratos y permanentes frustraciones sin tener en cuenta sus necesidades y derechos. Tampoco se consideraba la importancia de la comunicación y del rol esencial del afecto en el desarrollo de la personalidad sana.

Afortunadamente, con el advenimiento de las nuevas ciencias como la psicología, las relaciones entre padres e hijos fueron mejorando, a tal punto, que hoy un hombre puede demostrar afecto a su hijo sin que sea mal visto. Muchos de estos logros se los debemos al psicoanálisis que puso de manifiesto -entre otras cosas- que una persona está condicionada a ser feliz o desdichada según la relación que sus padres hayan establecido con ella en su infancia.

La situación ha cambiado, hemos ganado un valioso terreno, pero lamentablemente llegamos a un polo opuesto, creándose en algunos padres una especie de contracultura de falsa libertad. Hoy encontramos padres excesivamente permisivos, que confunden amor con dejar al hijo hacer lo que quiera, sin ningún tipo de límites, sin darse cuenta que los límites sirven para protegerlos.

Algunos padres quieren educar a sus hijos sin frustraciones, haciendo que todo lo que vivan sea placer. Un joven así no podrá enfrentarse a la vida ni a la realidad, ya que siempre optará por evadirse al afrontar las frustraciones.

Las frustraciones hacen crecer a una persona, lo mismo ocurre con los límites; si los padres tienden a sobreproteger al hijo, lo ahogan y lo asfixian, probablemente lo conviertan en una persona dependiente. Es el caso típico de un joven de 18 años al que no le permiten ir a bailar por miedo a que algo le suceda.

Contrariamente, los padres que no ponen límites a sus hijos favorecen el desarrollo de una personalidad de características psicopáticas. En algunos casos la imagen de autoridad que no le fue transmitida en el hogar será buscada a través de conductas transgresoras en distintas autoridades y ámbitos sociales.

La experiencia clínica nos muestra que los padres que no ponen límites lo hacen básicamente por tres razones:

1) por miedo al rechazo por parte de los hijos.

2) por miedo a ser anticuados.

3) por comodidad, ya que es más fácil decir siempre “sí”.

 

Lo que la comunidad científica aprendió de la experiencia

El trabajo a diario con jóvenes que sufren patologías adictivas como la drogadicción, nos muestra la dificultad de los padres para establecer límites a conductas inapropiadas previas a la adicción, cierto fracaso en el normativo. Los adictos, por regla general, no son personas que tienen carencias afectivas sino más bien, carencias de límites, es decir en la incorporación de la norma.

Un país sin un código interno o constitución se transforma en una anarquía y por ende reina el caos. Lo mismo pasa con las familias. Aquellas que no posean un sistema de normas (todas las familias las tienen explícita o implícitamente aunque no lo sepan) estarán condenadas al fracaso. Por eso, es importante que identifiquemos cuáles son los principios, normas y reglas de nuestro hogar que hemos ido comunicando verbal o no verbalmente (a través de actitudes) a nuestros hijos.

 

Acciones para el fortalecimiento familiar

Cada familia tiene expectativas de comportamientos determinadas por principios y normas que son los valores.

A fin de aclarar los valores de su familia es importante que:

1. Los comuniquemos abiertamente para que nuestros hijos los conozcan. Hable acerca de por qué son importantes ciertos valores como la honestidad, la confianza en sí mismo y la responsabilidad. Cómo éstos ayudan a las personas a tomar decisiones acertadas. Enseñe a sus hijos que cada decisión se basa en decisiones anteriores y que su acierto facilitará las siguientes.

2. Reconozcamos que las acciones de los padres afectan al desarrollo de los valores de sus hijos, es decir, los chicos copian el comportamiento de sus padres. Por ejemplo: cuando los padres fuman es más probable que los hijos sean fumadores. Evalúe su propio uso del tabaco, del alcohol, de los medicamentos recetados y aún las drogas de venta libre. Observe la forma en que sus actos y actitudes influyen en las decisiones de sus hijos, acerca del uso del alcohol y otras drogas.

3. Cuide que sus actos coincidan con sus palabras.

4. Reconozca cuando se equivoca.

 

Es evidente nuestra responsabilidad como padres para establecer normas, para protegerlos en pro de su bienestar, aunque muchas veces ellos no entiendan el porqué. Sin embargo, el establecimiento de normas es sólo la mitad de la tarea. Debemos estar preparados también para imponer castigos cuando las normas no se cumplen. A esto fines recomendamos:

1- Sea específico. Dígale a su hijo cuáles son las normas y qué comportamiento se espera. Converse con él sobre las consecuencias de la falta de cumplimiento de las normas: cuáles serán los castigos, de qué forma se aplicarán y cuál es el propósito del castigo.

2- Actúe coherentemente con su cónyuge. Ante todo póngase de acuerdo con respecto a las normas y castigos. Es muy negativo que un padre imponga un castigo y el otro no lo haga cumplir, o que el hijo se ampare en alguno de los padres para no cumplirlo.

3- Sea razonable. No agregue nuevas consecuencias que no hayan sido convenidas. Evite amenazas irreales como: “Tu padre te va a matar cuando vuelva a casa”, en cambio reaccione con calma y aplique el castigo que su hijo espera recibir.

4- Sea firme, respete su palabra.

5- Recuerde que los castigos tienen el propósito de servir como aprendizaje. Siempre un límite debe tener un porqué, que debe ser explicado a su hijo y porque debe remitir a su propio bienestar. Los castigos no deben ser físicos sino pérdidas de privilegios.

6- Ejerza la autoridad de padre con amor. No se pliegue al grupo de amigos “rejuveneciéndose” y siendo un “amigote” más.

7- Eduque a sus hijos ejercitando su autonomía. Jóvenes cuya autonomía ha sido desarrollada en el hogar a través del estímulo, el reconocimiento y el respeto, así como la reprobación de sus desaciertos, estarán mejor capacitados para enfrentar por sí mismos la abstención acerca de las drogas. No haga las cosas por su hijo, enséñele a hacerlas por sí mismo. Hay dos formas de criar hijos inútiles: decírselo permanentemente hasta que crea que es verdad o bien hacer las cosas por él.

8- Comuníquese con su hijo. Sepa escucharlo, dele tiempo para conversar, apague la televisión en las comidas y cuando está conversando con él.

9- Sea siempre generoso con los elogios. Use la connotación positiva, si nuestro hijo tiene el pelo desprolijo y largo es mejor decirle “qué bien que te quedaba el pelo corto” antes que decirle “que mal que te queda el pelo largo”.

10- Los jóvenes necesitan padres con firmes convicciones, que no sean despóticos ni injustos, que puedan reconocer sus errores y aprender de éstos

 

Comunicarse con su hijo

La comunicación es de vital importancia. Una familia que se comunica es una familia sana. He aquí algunas sugerencias básicas para comunicarse con su hijo:

  • Aprenda a escuchar.
  • Preste atención sin interrumpir hasta que él termine de hablar.
  • Hago contacto visual con su hijo mirándolo a los ojos.
  • Preste atención al lenguaje corporal. No siempre se necesita una respuesta magistral. Puede que no la sepa. El solo hecho de escucharlo y que pueda expresar lo que siente es liberador.
  • No existen vacunas contra la droga ni soluciones mágicas, sólo los valores y normas familiares en combinación con un fuerte vínculo entre padres e hijos y una comunicación abierta, promoverán el desarrollo saludable y reducirán las posibilidades de que nuestros jóvenes recurran a las drogas.
Código de Artículo: 5013

AUTOR/ES DE ESTE ARTÍCULO:

Especialidad: Psicología

Nació en Buenos Aires en 1966 y es Licenciado en Psicología. Se ha dedicado desde 1986 a la investigación y prevención del consumo de drogas y a la asistencia de adictos. Se capacitó en el centro Daytop Village de los Estados Unidos y ha visitado centros de rehabilitación de América Latina y Europa, donde completó su formación. Desde 1993 dirige la Fundación Manantiales, institución sin fines de lucro con sedes en Argentina, Brasil y Uruguay, que se dedica a combatir la drogadicción.