Ayudando a los enfermos a morir “buenamente” (Parte 2)

Ayudando a los enfermos a morir “buenamente” (Parte 2)

Ayudando a los enfermos a morir “buenamente” (parte 2)
Publicado: Abril 2013

Continuando con el tema iniciado en el número anterior de Opción Médica, es necesario profundizar en ciertos aspectos de tipo psicológico existencial, para ayudar a los enfermos a afrontar de forma “buena” su propia muerte. Eso es lo que nos proponemos con el presente artículo.

La vivencia de la muerte y el morir se relaciona estrechamente a los binomios existenciales y psico-cognitivos básicos del ser humano.

 

1- TRES BINOMIOS EXISTENCIALES BÁSICOS:

  1. Binomio existencial optimismo vs. pesimismo. La forma de experimentar este binomio, por parte de cada individuo, es decisivo a la hora de enfrentar el momento de su muerte. Tal afrontamiento depende de la vivencia que él tenga de su propio cuerpo y de sus dolores tanto físicos, como afectivo-emocionales. Hay personas que por su personalidad están predispuestas a enfocar las experiencias vitales desde el “pade- Continuando con el tema iniciado en el número anterior de Opción Médica, es necesario profundizar en ciertos aspectos de tipo psicológico existencial, para ayudar a los enfermos a afrontar de forma “buena” su propia muerte. Eso es lo que nos proponemos con el presente artículo. cer” sufrimiento, mientras que otras, tienden a ver las cosas de la vida desde sus potencialidades positivas o de gozo. Esta estructura básica de la personalidad, cuyo origen puede ser muy variado, influye enormemente a la hora de asumir la frustración que implica la muerte cercana.
  2. Binomio existencial comunidad vs. soledad. Este binomio se refiere a la predisposición de los individuos a interactuar con los demás o, por el contrario, de aislarse de ellos. Hay personas que fácilmente comparten con los demás sus sentimientos y anhelos, gozos y dolores, mientras que otras, por el contrario, difícilmente se dejan ayudar en los aspectos más profundos de su vida.
  3. Binomio existencial significación vs. absurdidad. Este binomio se refiere a la relevancia que dan los individuos a lo cognitivo/metafísico, es decir a disponer, o no, de una “concepción” ideológica coherente respecto a todo lo que existe. Las personas se dividen -de hecho- entre quienes tienden a interpretar los acontecimientos de la vida como parte de un “plan” existencial coherente y quienes tienden a vivir dichos acontecimientos “tal como vienen”, sin buscarle ninguna significación particular. Esta predisposición actitudinal básica no depende de la fe religiosa que se tenga, aunque, a veces, pueda coincidir.

 

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Evidentemente la capacidad de un enfermo de prepararse para su muerte es muy diferente a si él se ubica desde el extremo de pesimismo-soledad-absurdidad, que si se ubica en el otro extremo: optimismocomunitariedad- significación. Naturalmente, la fe religiosa juega un papel muy importante en el posicionamiento que cada enfermo tenga respecto a estos binomios. Sin embargo, la ubicación de un individuo en una perspectiva de optimismo-comunitariedad y significación existencial, no es exclusiva de la fe religiosa, como podría pensarse de forma simplista.

 

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2. LAS NECESIDADES EXISTENCIALES DEL ENFERMO ANTE LA MUERTE

  1. Las preocupaciones empírico-concretas ocupan un lugar muy importante en la vivencia del moribundo[1]. Para la mayor cantidad de personas, los asuntos inmediatos y tangibles, son experimentados como prioritarios y requieren un abordaje también concreto y tangible[2]. Estas personas necesitan:
    - una figura mediadora
    - un trasmisor de información
    - un aliado para confiarle un secreto
    - una compañía
    - un apoyo en la toma de decisiones
    - control y autonomía
    - vínculo para despedirse
     
  2. Preocupación por encontrarle un sentido. La tematización explícita de la muerte y su significado. Ciertos pacientes, no todos, dedican una porción importante de su tiempo a profundizar en el significado de la muerte.
    En todo caso, la forma que tiene una persona de significar la muerte, depende de la manera que ha tenido de vivir la vida, es decir, el tipo de valores que hayan orientado su existencia. Ya hemos expuesto las cuatro significaciones más relevantes que adquiere la muerte en nuestra cultura. Como corolario a lo antes dicho, podríamos recordar la significación de la muerte de los samurais japoneses:
    “Mi padre me llamó y me dijo que se sentía compelido a unirse al espíritu del general Nogi, y que deseaba que yo lo ayudara en el acto del harakiri, si acaso era necesario porque él no se desempeñara con eficiencia. Yo debía colocarme a su lado, ligeramente detrás, con su gran espada a dos manos levantada y cortarle la cabeza si no marchaba todo bien. Yo discutí con él porque todavía era relativamente joven, apenas 51 años de edad. Pero él dijo que había seguido al general Nogi durante muchos años de fiera batalla y estaba decidido a seguirlo al más allá. Lo vi bañarse, ponerse su kimono blanco y preparar el lugar de su final. Luego tomó su wajazaji, la espada corta de puño dorado y enrolló una tela blanca en la empuñadura y la parte superior de la hoja. Lentamente se introdujo la hoja hasta lo más profundo del abdomen del lado izquierdo. Luego cortó hacia el lado derecho, torció la dirección y cortó hacia arriba. Su rostro estaba muy pálido y tenso, y sus ojos se cerraron cuando se hundía la hoja. Yo observaba atentamente para percibir cualquier indicio de debilidad porque esa habría sido la señal para que yo lo decapitara. Pero no hubo nada. Fue un gran guerrero y un auténtico samurai”. (W.Clear J., Glory Through jara-kiri. Reader’s Digest. ag. 1943 103-104)

 

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3. LOS SENTIMIENTOS VITALES BÁSICOS.

Manteniéndonos aún en un plano descriptivo y sistemático respecto a los aspectos psicológico-afectivos en torno a la muerte y el morir, podemos distinguir dos sentimientos vitales básicos.

Según como vivan los individuos los tres binomios existenciales y las cuatro significaciones básicas -arriba descritas- será la calidad, intensidad o poder trastornante que tengan los sentimientos psicológicos básicos experimentados por el individuo. Estos son fundamentalmente dos[3]: el miedo o la confianza.

 

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  1. Miedo. El miedo ante la muerte adquirirá diferentes contenidos, según sea: 

    Miedo al mismo hecho de morir.
    a. miedo a la desaparición del “yo”;
    b. miedo al proceso mismo de muerte (agonía, dolor físico, ser enterrado vivo, etc.).

    Miedo a lo que venga después de la muerte
    a. a la corrupción corporal
    b. a lo que hagan con sus posesiones y bienes.

    Además, el miedo tiene diferentes grados, que van desde el mínimo (perfectamente manejable) al máximo (que sería la aniquilación del yo).

    morir6.JPGPrimer grado: negación. El individuo siente tanto miedo que niega toda realidad a la muerte; actúa y piensa como si todo estuviera bien

    Segundo grado: ansiedad. El individuo siente inquietud, tristeza, pensamientos depresivos, pero es consciente de su origen y es capaz de comunicarse con los demás y hablar del asunto.

    Tercer grado: desprecio de sí mismo. El individuo razona diciendo “no hay nada más que hacer”, por tanto se despreocupa completamente de sí mismo, se vuelve remiso a cooperar, cualquier cosa es una dificultad para aceptar los cuidados que se le hagan, etc.

    Cuarto grado: alienación. El individuo desconecta, se aísla, repudia, se vuelve solitario, vive una extrema indiferencia y apatía

    ​Quinto grado: aniquilación. El individuo corta con la realidad y quiere “vencer” la realidad adelantándose a ella por el suicidio.

     

  2. Confianza. El segundo sentimiento básico en relación a la muerte, es el de la confianza. Surge de una buena articulación entre un “contenido” de significación positiva de la vida y los polos de bienestarcomunidad- significación. La confianza en el morir puede estar compuesta por los siguientes sentimientos: confianza en que no habrá dolor, que no habrá soledad (sino compañía), y que su muerte tendrá una significación positiva.

    Continuaremos desarrollando los diferentes aspectos relativos al ser humano que afronta sus etapas finales en la existencia, con el fin de aclararnos de qué manera podemos ayudar al enfermo a morir “buenamente”.

Código de Artículo: 5069
Fuente / Referencias Bibliográficas:

Omar França, N.Fontes, M.L.González y otros, La ayuda (médica) al bien morir. Ars Médica 11 (2005) 87-106 y Bioética al Final de la Vida. Buenos Aires: Paulinas, 2008.

En él se encuentra abundante bibliografía citada. Si los lectores desean ponerse en comunicación nosotros para comentar o hacer reflexiones que aporten sobre este tema pueden hacerlo al siguiente correo:ofranca@ucu.edu.uy

[1]Autores específicos de este tema: Kubler-Ross, Averil Stedeford, Palliative Medicine vol.1 (1987) 73-74 psiquiatra británica con amplia experiencia Therese Rando, Grief, Dying and Death. Research Press 1984 psicóloga clínica americana, prolífica y profunda en sus trabajos.

[2] Bejarano 239-240

[3] A. ROCAMORA El proceso del morir: aspectos psicológicos, Moralia XII (1990) 419-450

AUTOR/ES DE ESTE ARTÍCULO:

Especialidad: Bioética

Director Cátedra Éticas Aplicadas. Profesor de Bioética. Dpto. Formación Humanística Universidad Católica del Uruguay.

Si los lectores desean ponerse en comunicación con nosotros para comentar o hacer reflexiones que aporten sobre este tema, pueden hacerlo al siguiente correo: ofranca@ucu.edu.uy